Hay productos que nacen de una idea. Los nuestros nacieron de un problema.
Acné persistente con cada base de maquillaje convencional. Una dermatitis que durante años transformó el simple acto de lavarme el pelo en una fuente de picazón, caída y heridas. Fragancias sintéticas que me cerraban la garganta antes de poder disfrutar cualquier producto.
No era mi piel la que fallaba. Era lo que le estaba aplicando.
El mercado no tenía respuesta. Así que la busqué yo, con formación en cosmética y la decisión de no conformarme con lo que ya existía.
El primer resultado fue un maquillaje sólido. Le siguieron un rubor, un polvo compacto, labiales propios, sombras con nombre. La base de maquillaje tardó en estar lista. El shampoo sólido tardó años — el tiempo que hizo falta para reemplazar cada ingrediente agresivo por uno que no lo fuera.
Cada fórmula que hoy lleva el nombre Fusión Botánica nació para sacar del medio lo que nunca debió estar ahí.
Ese mismo criterio —ir a la fuente, no a la versión industrializada de las cosas— me llevó también a las acuarelas. Elaboro pigmentos minerales de la tierra con la técnica espagírica de Paracelso: se muelen a mano sobre placa de vidrio y se secan durante semanas, sin aditivos ni rellenos. No es una acuarela más. Es pigmento real, para quien pinta buscando lo mismo que buscamos en la piel: sustancia verdadera, sin atajos.
Elaboramos en pequeños lotes, en nuestro taller en Bahía Blanca. Sin ingredientes de origen animal. Sin testeo. Sin atajos.
Fusión Botánica es una marca de Botánica de Autor: cada fórmula —de piel o de color— tiene una razón de ser, y esa razón empezó en mi propia búsqueda.
Belleza natural, libre y sin máscaras.

